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Cleotilde |
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Foto de cortesia Por Goyo López Hasta la fecha, Cleotilde*, usa su anillo de casamiento. Quizá un simbolo de su fé en Dios. “Aproximadamente hace cuatro años llegué aqui a Casa de Misericordia,” empieza Cleotilde una victima de abuso doméstico. “Estaba recien casada en ese tiempo (y sin niños). Yo me casé en Guadalajara.” Y desde allá se inicio la pesadilla.“Esto empezó en la primera noche del matrimonio, en la luna de miel,” lamentó Cleotilde. “Para mi fué una noche sorprendente. Nunca comprendí porqué lo hizo. Aunque me asaltó fisicamente, digamos que me lastimó más emocionalmente. Hasta ahorita mi esposo es una persona que no ha aceptado errores, aunque me hizo mucho daño emocionalmente, el nunca acepto errores.” Buscando ayuda, Cleotilde habló con su sacerdote que le aconsejó que si no se había consumado el matrimonio que el podía hablar con los encargados del tribunal matrimonial en la díocesis y tal vez pudieran anular el matrimonio por la Igelsia. Pero decidio de presentarle otra oportunidad y lo perdonó en una muestra de misericordia. “Un poco después, el se vino para Laredo, porque el es ciudadano (de los EUA) y me habló por telefono a mi casa en Guadalajara diciendome que estaba arrepentido y me pidió que regresara con él,” explicó Cleotilde. Desafortunadamente, nada cambió para Cleotilde llegando a los Estados Unidos, los celos e inseguridades de su esposo continuaron afectandola emocionalmente y psicologicamente. “Lo triste es que yo me casé por amor,” confiesa Cleotilde. “No me casé para hacerme ciudadana (de los Estados Unidos). El nunca mostró ninguna señal de violencia antes de casarnos. El hombre que me atacó no fué el mismo del que yo me enamoré.” Una de las cosas mas difíciles para Cleotilde es que no conocia a nadie en Laredo y menos se imaginaba que existían organizaciónes para ayudar a las mujeres abusadas. Llevaba menos de un mes en Laredo cuando el abuso llego al punto que Cleotilde buscó la ayuda de los oficiales policiacos. “Me vieron que tenia aquí marcado (cuello y brazos) y les pregunte, ‘¿que puede hacer’,” explicó Cleotilde. “Me explicaron que lo tenian que arrestar porque me había tratado de orcar. Y me trajeron para la Casa (de Misericordia).” La Hermana Rosamary Welsh y los tabajadores de Casa de Misericordia le abrieron los brazos y la puerta a Cleotilde, dándole una bienvenida como no se imaginaba. “Me trataron muy bién. Me escucharon, me apoyaron y me aconsejaron,” recuerda Cleotilde. “Sobretodo, nunca me juzgaron. Yo tenía la libertad de hacer mis decisiones.” Parte de la rutina de inscribirse en Casa de Misericordia incluye un examen fisico por un médico. “Despues del examen, descubrí que estaba embarazada,” dijo Cleotilde. “La Sister estaba muy alegre por mí y me felicitó. Y aunque alguna gente lo viera como un error yo lo vi como un milagro de Diosito.” Despues de pasar como un mes y medio en la Casa de Misericordia, decidió mudarse con su sobrino que tambien viviá en Laredo. Por unos siete meses todo estuvó bién. Luego pasó lo inimaginable. “Mi sobrino me dijo que ya no me podía ayudar, que me fuera,” lamentó Cleotilde. “Y yo no tenía a donde ir y no tenía dinero. Para ese tiempo mi esposo me estaba buscando. Entonces, mi sobrino lo localizó y le dijo que él le tenia que pagar renta por yo estar allí, y si no, pues que me recojiera. Mi misma familia no me ayudo.” Una vez más, Cleotilde decidió darle otra oportunidad a su esposo. “Se porto bién. Parecía un matrimonio normal,” recuerda Cleotilde. “A la semana que me cambié con él, yo me alivie. Y de allí para acá no tengo queja de él si no hasta el año pasado, que ya yo pude trabajar porque me llegaron los papeles (de immigra-cion).” Allí volvió la pesadilla. “Empezé a trabajar y traté de ayudarle porque yo quería salir adelante,” explicó Cleotilde. “Por todo se molestaba. Luego me acusó que no mas gastaba el dinero de él y no el mio. Que yo estaba escondiendo mi sueldo en el banco.” De nuevo empezó el abuso pero solamente de manera verbal. “El problema era de que siempre decia que yo era una prostituta. Me decia las cosas peores que jamás en mi vida había escuchado,” dijo Cleotilde. “Entonces buscó trabajo de noche y ya casi no nos mirabamos.” Después de tantas oportunidades y de una paciencia increible, llego el punto donde Cleotilde ya no podia vivir en estas condiciones. “Llego el nueve de mayo. Un dia muy importante para mí porque era el dia de mí graduacion del GED,” explico Cleotilde. “Pero el no me dió ninguna palabra de motivacion. Le dije que habia terminado con la escuela y el reaccionó como si nada. Entonces yo me sentí muy enterada por como el estaba comportandose. El niño pensaba que nos estabamos peleando de nuevo y empezó a hacer ruido, apagar el abanico, apagar la televisión—todo lo posible para distraernos.” “Llegué a un punto en que yo dije, estoy mal, por favor ayudame Señor a tomar una buena decisión,” continúo Cleotilde. “Dije, ‘yo creo que es el momento que te vayas’. Dijo él, ‘¿porque me estas corriendo, ya vas a meter a otro pelado?’ Le dije que mi mente no era en otro hombre sino en el hombre que es su hijo.” Sucedió un dia dulce-amargo para Cleotilde. “Fué el día mas duro de mi vida cuando vi que sacó sus cosas y yo estaba que se me hacía tarde para ir a mi graduacion,” lamentó Cleotilde. “Se me arrumbó aquella ilusion que yo tuve de que mi esposo me acompañaria a mí graduacion junto con el niño.” Tal vez le ayudó a entender la importancia de la estabilidad emocional suya y la de su hijo. “Pienso que hay que ser primero madre y luego mujer. Eso fué lo que me motivó porque Diosito me dio un niño,” dijo Cleotilde. “Lo triste es que en realidad yo no se como es una relacion entre un hombre y una mujer.” Quizas que Cleotilde sabe mas de lo que realiza. Su muestra de misericordia durante este matrimonio inestable permanece como algo que parejas y familias batállan en descubriendo y entendiendo. Es la abilidád de perdonar a los que más nos han lastimado o dañado. En este sentido, Cleoilde puede comprender amor mejor que casí todos. La cuestión no es una de amor entre hombre y mujer si no la del Señor. En estos dias, Cleotlilde y su hijo se encuentran en una casa humilde repleto de amor, fe y establidad. A pesar de todo Cleotilde lo a perdonado y todavia usa su anillo de matrimonio con la esperanza que un dia volveran a reunirse. |
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| Feature Stories |
| Mercy Ministries of Laredo |
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Over the last 109 years, the Sisters of Mercy have served the community of Laredo... |
| Cleotilde |
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To this day, Cleotilde* still wears her wedding ring. Perhaps it’s a symbol of her faith in God. |
| From the Bishop |
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| From the Editor |
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Unbelievably, this is our third issue. Time has flown and the summer is but a memory. |
Cover Story |
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She is a combination of the fountain of youth and a fountain of knowledge.... |
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