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Cal e Irma son hijos de inmigrantes: Ahora trabajan para incluir a los excluidos

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Calistro (Cal) e Irma Torres son personas hermosas. Sus rasgos están más que perfectamente realizados, su hermosura es como la puesta del sol de verano o una cascada que invita a caminar por un camino fresco en el bosque. Se hace obvio en sus rostros la invitación para sentarnos y conocernos. Al hablar Cal de su ministerio con los trabajadores inmigrantes, se refiere al mismo como su “pasión” y Irma está de acuerdo. Hablan del tema con calma, pero para Cal, el hijo de trabajadores migratorios, es obvió que era y todavía es la fuerza motriz de u vida. Desde que se casaronen 1951, ambos estuvieron involucrados en el ministerio de los trabajadores inmigrantes. Fueron hechos el uno para el otro.

Sin embargo hubieron veces en que el amor de Irma y su devoción a Dios fueron probados. “Sabe, que como madre a veces es difícil poner a Dios aún antes que los hijos de uno,” dice cuando explica los sacrificios que supone la dedicación al ministerio de los trabajadores migratorios. Los hijos perdieron las comidas en familia al atender sus padres las obligaciones en el campo en las tardecitas y cuando estudiaba para ser diácono Cal pasaba fines de semanas fuera de la casa. Igual, siguieron el sentir de sus corazones, y no hubieran estado felices haciendo otra cosa. Sus hijos lo entendieron, e Irma después de muchos años de preocupación finalmente se dio cuenta de esto.

En su sala, Cal e Irma tienen fotografías de los cinco hijos, tomadas cuando asistían a la escuela secundaria. Al confiarnos la edad del hijo mayor con tono de sorpresa en su voz, Irma mira a Cal quien le sonríe en confirmación. Sus hijos en la actualidad son personas bien preparadas y prósperas. Cal e Irma los tienen que haber imbuidos con la confianza en si mismos que nace de una familia afectuosa y unida.Su amor es evidente, habla de la vida como debe ser – gente buena que sale al mundo con la fortaleza de una familia amorosa respaldándolos. Un cuarto agregado que se usa para reuniones familiares se abre desde la cocina, en él se encuentra una amplia mesa larga. Desde el principio de su ministerio Cal e Irma han incluido los excluidos en su mesa. Al describir su ministerio, Cal se abre de brazos y dice “Tratamos de asegurar que esta personas sepan que están bienvenidas aquí. Serán bien recibidos.” Los trabajadores migratorios especialmente en los primeros tiempos cuando Cal trabajó con el Padre Peter Dougherty, que al principio lo llevó con él para ayudarle en el ministerio – eran mucho más retraídos que hoy en día.

En un tiempo había diecisiete campos a pocas millas de ellos, cada campo con alrededor de doscientas personas más los niños. Con el pasar de los años los productos que se cosechaban en la zona han cambiado como así tambén el número de trabajadores ha cambiado, ahora hay muchos menos que antes.

Cal se recuerda de un incidente que ahora, 40 años después, aún le produce ira en la voz. Había comenzado a recolectar ropa que le dio al “líder” para que la repartiera entre la gente. El líder es la persona que contrata los servicios de la gente con los granjeros. Generalmente también es el dueño del camión de transporte. La próxima vez que Cal y el Padre Dougherty vinieron a visitar a los trabajadores, se enteraron que el líder de esta gente les había vendido la ropa que Cal había juntado. Se prometió así mismo que nunca más iba a suceder esto. Cal sacude la cabeza con tristeza al hablar de aquel día lejano, pensando en la forma en que ese hombre se había aprovechado de los trabajadores que él había tratado de ayudar.

Durante las décadas del 60 y 70, el Padre Bill Carolin, que Cal considera su mentor, recibió la primera financiación de la diócesis para el programa de los trabajadores migratorios. También fue a finales de la década del 60 cuando empezó el programa que eventualmente permitiría que Cal fuera ordenado diácono. Era un programa bilingüe especial, concebido para afrontar las necesidades de los Católicos de habla hispana. Después de su ordenación, Cal y los otros diáconos pudieron darle los sacramentos a los trabajadores migratorios, cumpliendo así un sueño de servicio a Dios.

Irma tuvo otro llamamiento. Fue la coordinadora para el Programa de los Trabajadores Migratorios. Pensó mucho en la forma de manejar las cosas. Por ejemplo, sabía que de nada servía traer una caja de ropapara un grupo grande de gente y decirle que se llevarán lo que quisieran. Esto hubiera resultado en caos y ninguno hubiera recibido lo que necesitaba. En lugar de esto, Irma preparó canastos de lavandería con artículos de primera necesidad, como ser jabón y alimentos básicos y los entregó personalmente a cada familia. En esta forma podía evaluar sus necesidades, hallar ropa que les sirvieran y tratar a la gente con mayor dignidad. “No importa lo que se hace, cada persona tiene su dignidad” dice y Cal asienta con la cabeza.Tanto Cal como Irma insisten que ser acogedores es lo importante. Al saludar a los trabajadores se presentaban como “Representantes Católicos” Su hospitalidad siempre ha sido motivada por pertenecer a la misma Iglesia. Mediante la formación de una comunidad, hicieron que la Iglesia fuera una presencia continua en la vida de los que sirvieron. Por ejemplo, cada primavera a menudo celebraban lo que Irma llama “rompe-hielos”, se trataba de partidos de softball seguido por sandwiches y refrescos, o juegos de lotería y otras actividades que reuniera a la gente.

Cada año el trabajo empieza en junio, con la cosecha de fresas, en esa fecha las familias de trabajadores migratorios vienen de México y hasta algunos de América Central. Y el trabajo continúa, de pimientos a encurtidos, y así hasta la cosecha de las manzanas. Los programas de educación religiosa para los niños se deben programar alrededor de eso. Cal e Irma explican como los migratorios muchas veces no les gusta salir del campo para ir a la Iglesia. Siempre les gustaba quedarse solos, esto era un factor muy importante en la forma que se les ministraba.

A fin del año se hace una gran fiesta, y se celebran los sacramentos – primeras Comuniones, bautismos y hasta casamientos. Irma tiene varios carteles llenos con fotos de las fiestas: niñitas con vestidos blancos y sonrisas más brillantes que los vestidos; niños con el cabello achatado contra la cabeza con grandes sonrisas llenas de dientes y corbatas de azul brillante. Es una celebración grande y muy hermosa. Se puede suponer que la ropa de Comunión es donada, sabiendo lo mucho que puede costar. Sin embargo, Irma explica, “Se compraban sus propios trajes y vestidos de primera Comunión.” Este es un día especial para ellos y esto es algo que sienten que tienen que hacer.”

Toda la comida para la fiesta la preparaban voluntarios de la iglesia. Ahora se procura que algunos de los platos sean preparados por las personas festejadas. “También ellos quieren contribuir a su propia fiesta,” dice Irma. “De esta manera es mejor.” Hace un ademán con la mano como si no necesitará explicación – y de verdad no necesita. Se trata de compartir la mesa. Cada uno de nosotros debemos de traer nuestros propios regalos.

En muchas maneras, Cal e Irma han llegado al punto de partida en sus vidas. A pesar de tener edad para jubilarse, Cal sigue activo en el ministerio. Irma nos cuenta acerca de su hijo menor, que logró forjarse una carrera exitosa, y cuando fue nombrado para ocupar un puesto en el extranjero llevó a sus padres a conocer Europa. “Fue extraordinario,” dice Irma, “porque cuando él nació todos los doctores me dijeron que se trataba de salvarle la vida a él o a mi. Yo tenía un problema con sangre del tipo Rh-negativo.” Y agrega, “se suponía que íbamos a morir – pero no fue así. Dios nos libró.

“De cualquier forma, ... nuestro hijo nos llevó a Francia. Vimos todo tipo de lugares,” dice Irma a medida que pliega la servilleta con suavidad al costado de la taza de te. “Pero fuimos a esta iglesia donde estaban todas las historias del viejo testamento representadas en las vidrieras de color.” Levanta las manos, como si recordara la luz entrando por las ventanas. “Porque usted sabe la gente en aquellos tiempos no sabían leer, y se veía tan hermoso con toda esa luz que entraba.” Se detiene y lo mira a Cal. “Y sabe usted, pensé que maravilla era que estuviéramos ahí con nuestro hijo, porque en medio de esa luz resplandeciente se me ocurrió que según los médicos ni siquiera debiéramos estar aquí.”

Una noche, hace mucho tiempo cuando los médicos estaban equivocados, Dios no lo estaba. Las personas muchas veces ven al mundo con una perspectiva limitada, pero Cal e Irma Torres tienen el talento de ver belleza a través de los ojos de Dios. Nos viene a la mente la historia de Miguel Ángel cuando esculpió la estatua de David. Cuando fue a la cantera de mármol en busca de una piedra adecuada, vio un magnífico trozo de mármol que se había dejado de lado porque la atravesaba una falla grande. Después de buscar minuciosamente, decidió que tenía que ser esa piedra a pesar de la falla. Miguel Ángel siendo un gran artista, tenía una gran pasión por su arte y usó la falla para hacer que su estatua de David fuera una obra maestra. Cuando se le preguntó cómo había esculpido tal belleza, respondió que sólo tuvo que quitar suficiente mármol para revelar la estatua que ya estaba allí. Vio la belleza interior a través de la piedra.

Quizás cuando vemos trabajadores migratorios, vemos gente pobre que vive en casas de bloques y necesitan de nuestra caridad. Cuando los ve Cal e Irma ven hermanos y hermanas en Cristo que son hermosos. Dicen, “el sentir de compartir de los migratorios es más profundo.” Cuando ven trabajadores migratorios, ven formas de usar sus imaginaciones, de encender sus pasiones y de reunirlos – de unirlos en comunidad y unirlos en Iglesia. En cierta forma es un arte.

From the Bishop
 
From the Editor

Are our motives always just when seeking justice?

En Español

 
Cal and Irma:

They are the children of immigrants; now they work to include thr excluded.

En Español

 
Diocese of Laredo
 
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