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Un Tipo Distinto de “PADRE” Ahora, a la edad de 80 años, Fr. Roberto Peña, OMI, reflexiona sobre sus años en que él se describía como sacerdote Chicano.

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Fotografía Cortesia

Por Goyo López

“Yo se lo que es tener hambre como sacerdote.”—Fr. Roberto Peña

Se llama a sí mismo un descarado sacerdote Chicano.

Aunque esta punzante identificación étnica causa escalofríos a travez de la población altamente méxico americana, que compone la Diocesis de Laredo, especialmente entre aquellos que pertenecen a la clase media y la clase económica superior, el Padre Roberto Peña, OMI, usa tal título como un símbolo de honor.

“Todos los sacerdotes activistas políticos de aquel tiempo, que eran méxico americanos, se llamaban a sí mismos Chicanos.”, recuerda el Fr. Peña.  “A los méxico americanos más afluentes en nuestras comunidades, no les gustaba la palabre o el término.  Para ellos era degradante.  Ellos creían que era un término derogatorio.  Pero no se daban cuenta de que venía del pueblo indigena Mexica de México.”

Fr. Peña, ahora de 80 años de edad, pertenece a lo que los historiadores llaman la más grande generación de americanos – aquellos de la era de la Segunda Guerra Mundial. 

La mayoría de los académicos están de acuerdo en que esta generación de americanos encabezarón la carga en la formación de la cara moderna de nuestro país.

Fr. Peña, quien  sirvió en el Ejército de EUA durante la Segunda Guerra Mundial, y fue dado de baja honorablemente en 1946, es poseedor de muchos de los valores comúnes de los patriotas de esa era – deber, honor y nación.  En el caso de este hombre, oriundo de Harlingen, Texas, Dios también participó en el cuento.  Este sacerdote de suave voz, y extremadamente cándido, recuerda haber usado el decreto de ley de veteranos para financiar su interrumpida educación universitaria, como muchos de los méxico americanos de su tiempo que pronto llegarían a ser prominentes. 

Como resultado de esto, el llamado a la vocación de Fr. Peña no llegó hasta más tarde en su vida.  Se inscribió en el Seminario Oblato a la edad de 23 años y fue ordenado en 1955, como diez años después de haber sido dado de baja del ejercito.

Sin embargo, su historia como sacerdote activista no comienza aquí.

Las muchas caras de Fr. Roberto Peñacomo graduado de Preparatoria de Cardinal High School de Harlingen, como recien ordenadosacerdote Oblato y como un sacerdote que está celebrando su Jubiléo de Plata.

En vez, uno debe viajar hasta su juventud para entender plenamente, el dolor y la humillación que el había experimentado y que lo impulsó, como adulto, a buscar la justicia social en su comunidad.

El 13 de mayo de 1977, en la edición del National Catholic Reporter, el corresponsal especial, Rick Casey, descubrió el origen del empeño de Fr. Peña de lograr la igualdad para los méxico-americanos en la iglesia católica, así como en la sociedad en general.

“Cuando yo vivía a dos cuadras y media de una iglesia anglosajóna, que era católica  -- la llamaban americana  -- y nos decían que nosotros eramos de la iglesia mexicana, que se encontraba a dos millas y media de allí.”, que Casey mencionó como cita de la historia de Fr. Peña.

Después, como veterano de la Segunda Guerra Mundial, él, como muchos otros méxico americanos, afro americanos e indigenas americanos, sentían la punzada del racismo, y el prejuicio, al regresar a sus casas, en este caso, en el sur de Texas.

Todas estas instancias y muchas mas, junto con haber sido testigo personal de las injusticias que sufrieron sus congéneres, hermanos y hermans, lo llamó a un más alto honor, deber y misión.

“Después de cumplir mas de 100 años de estar los Oblatos aquí (en el sur de Texas), yo fui el primer Oblato méxico americano en los Estados Unidos,” exclamó Fr. Peña.  “Yo fui ordenado en 31 de mayo de 1955, en la Catedral de San Fernando en San Antonio, por el Arzobispo Robert Lucey.  Tenía yo 32 años de edad.

Fr. Peña no tuvo que ir muy lejos para iniciar la primera de sus muchas luchas para lograr los derechos civiles.

“En el West Side (lado oeste de San Antonio) todavía está muy triste la cosa,” lamenta el Padre Peña.  “La colecta en St. Alphonsus era de $1,000 por mes. 

¿Te imaginas como puedes administrar una parroquia con $1,.000 al mes?  Es muy dificil.”

La pobreza que plagaba su parroquia no impidió a Fr. Peña de seguir adelante con su trabajo.  Eventualmente, organizó, educó y por esa virtud, le brindó poder a los jóvenes parroquianos para solicitar al gobierno municipal un parque adecuado y una alberca de natación en el lado oeste de San Antonio, cerca de la Calle Zarzamora.

Los lideres citadinos escucharon  sus demandas y éstas fueron cumplidas.

El Oblato salió de San Antonio en 1959, hacia Houston y la Parroquia Nacional de Nuestra Señora de Guadalupe.  Era una iglesia “mexicana” para Houston, explicaba el Padre Peña,  muy semejante a la que el asistía en Harlingen cuando era niño.

“Recuerden que en ese tiempo todavía había discriminación dentro de la iglesia.” decía Fr. Peña.  “Yo digo discriminación porque a los mexicanos se les decía en sus parroquias, que ellos tenían que ir a Nuestra Señora de Guadalupe.  Y habían muchos mexicanos.  Casi puros mexicanos.  Allí hablabamos español.  De hecho, todos nuestros sacramentos eran en español.  Teníamos una escuela, sin embargo,  y logramos tener una misa en inglés, el domingo, para los niños de la escuela.”

San Antonio y Houston sivieron como un campo de entrenamiento para Fr. Peña, en su aumentada actividad política y en su más grande misión hasta el momento.

En l962 se mudó al Valle y permaneció allí hasta 1968 – era la cúspide del Movimiento de Derechos Civiles en America.

Los católicos creémos que Nuestro Señor trabaja de maneras misteriosas, y Fr. Paña no era la excepción.

Se dirigió a las rancherías en el Valle, entre las ciudades de Mission, hacía el sur y  la Ciudad de Río Grande, hacia el norte.  El área incluía Poso de Agua, Peñitas, Tierra Blanca, La Joya, Havana, Los Ebanos, Cuevitas, Sullivan City, Los Pompas y Los Garzas.  Y estaban en plena pobreza.  Usaban agua no tratada del Río Grande, que compraban a 25 centavos el barril.

“Teníamos que hervir el agua para limpiarla, pero aún así nos enfermabamos,”  recuerda el Padre.  “Yo se lo que es tener hambre como sacerdote.  Yo veía a mi gente pobre.  La colecta cuando yo entré a los ranchos eran $63.50.  La gente me mantenía a mi porque me iba a los ranchos todo el día.  Te salías a las cinco o a las cinco y media de la mañana, dependía a qué rancho ibas, y allí te quedabas todo el día.

“Y te daban lo que ellos tenían.  Me mantenía con eso todo el día y llegaba a la casa como a las diez de la noche y me comía un sandwich de salchicha bolonés.

Los primeros de los muchos logros que comenzaban a acontecerle a Fr. Peña estaban tomando forma.  El hombre con el coraje de su conviccion, una fe incesante en Nuestro Señor y en el apoyo de su Obispo, el Muy Reverendo Humberto Medeiros, se esforzó aún más para satisfacer su hambre de la rectitud y de la justicia.

A fines de 1966,  Fr. Peña fue nombrado Párroco de la más nueva parroquia de Brownsville.  Nuestra Señora Reina de Los Angeles unía a las seis misiones que habían servido a los muchos parroquianos de las rancherías.

Luego, en junio de 1967, Fr. Peña dirigió la carga para desarrollar un grupo no lucrativo, para ser dueño y operar un centro de tratamiento de agua y agua de desperdicio, ubicado en Los Ebanos, con el fin de lograr lo que los políticos no podían o no querían, que era abastecer de agua limpia a la pobre gente de las rancherías.

Simultaneamente, una campaña mucho más grande se estaba llevando a cabo en muchos frentes, pero todos con un lema similar.  Ellos apoyaban la terminación  de la ciudadanía de segunda clase, de méxico americanos en Texas, a todos los niveles desde trabajadores del campo hasta estudiantes.

“En auqel tiempo estaba muy fuerte el movimiento del campesino.  Y estaba fuerte la causa de Cesar Chavez para los campesinos,” explica  Fr. Peña.  Mi gente era campesina y mi gente era pobre.  Había pedido yo que se pagara a nuestra gente a lo menos cincuenta centavos o un dólar la hora.  Me metí fuerte en eso.  Pero solo.  No me dijo nadie que me metiera en esto.”

Con el fundador de la Unión de los Trabajadores del Campo Unidos, Cesar Chavez,  ahora unido a la lucha del sur de Texas, la mano se había incrementado así como la tensión.  Los propietarios ricos, de acuerdo con Fr. Peña, contaban con los Texas Rangers (grupo policial estatal)  para enfrentarse a un grupo de los más pobres de los méxico americanos en todo el estado.

“Empezó una marcha en Rio Grande City para los derechos de los campesinos.” dice Fr. Peña en la forma bilingüe de su origen.  “Estabamos tratando de conseguir un salario mínimo de $1.25 la hora.  Los campesinos estaban ganando como unos $1,500 al año,  El Obispo Medeiros me pidió que me fuera a Rio Grande City para dar la invocación y para seguir la marcha para asegurar que nada les sucediera a los participantes.  Los campesinos marchaban hacia el santuario de San Juan de Los Lagos. que en aquellos tiempos todavía no era basílica.  Y entonces nos encontramos con muchas personas de todos los Estados Unidos.   Fue una marcha en paz, pero había mucha tensión.”

Tanta tensión hubo que tres sacerdotes de San Antonio fueron arrestados por invadir propiedad privada, al estar protestando a favor de los derechos de los campesinos.

Fueron llevados a la carcel por los Texas Rangers aquí mismo en el Condado de Starr,” dijo Fr. Peña.  “El Obispo Medieros me pidió que fuera a sacarlos bajo fianza, pero de rehusaron.  Los sacerdotes dijeron que ellos querían quedarse en la carcel.  Se apegaron a sus convicciones de hacer resaltar lo que estaba sucediendo en el Valle y para lograr el derecho de organizarse.

Entonces vino la “marcha”.

Vinieron de todas partes y se dirigían a un solo lugar, la capital del estado.  Esta vez Fr. Peña estaba involucrado como marchador, luchando por la dignidad básica y los derechos humanos de sus congéneres hermanos y hermanas.

“Yo no llevaba mi cuello especial ni mis ropas negras,” decía, refiriendose a sus ventimentas sacerdotales.  “Yo quería, a primera vista, ver como era  ser tratado como campesino.  No fue muy agradable.  Antes de que llegáramos a San Antonio, el Gobernador Dolph Briscoe y el Teniente Gobernador Ben Barnes apelaron a nosotros para que detuvieramos la marcha.  Que esta no era la forma de buscar el cambio.”

Como sólo relatarán los libros de historia méxico americanos, la marcha continuó.

Sin embargo, este acvtivismo político tuvo sus consecuencias.

“¿Hubo repercusiones?  Definitivamente si los hubo,.”  dice con tristeza Fr. Peña.  “Fue duro para mi.  Yo soy un tipo amigable, y las personas que habían sido mis amigos, ahora me ignoraban.  Pero no eran solamente los laicos. sino mis hermanos sacerdotes también.  Unos de los sacerdotes del Valle me dijeron que debería regresarme a México.  Los Padres me dijeron esto cuando yo ni siquiera era de México.  Yo sentía la presión, allí en el Valle, de mi propia gente.

“Usted habla de repercusiones” continúa diciendo, “aún los miembros de mi propia familia estaban presionándome al preguntar:  ¿Qué hace un sacerdote involucrándose en las marchas, huelgas y luchas?  Ellos no podían entender por que un sacerdote hacía esto.”

Tan radicales como parecían ser,  Fr. Peña y los otros sacerdotes Chicanos, sus intenciones eran nobles.  Mientras que sus luchas para lograr la justicia social se habían dirigido primordialmente a la comunidad seglar, su enfoque estaba cambiando rapidamente.

“Los sacerdotes Chicanos no querían dejar la iglesia.  Queríamos cambiar la iglesia desde su interior. Eso era muy importante porque no podemos culpar a la iglesia por todo,” enfatíza Fr. Peña.  Para el final de los años de los sesentas, un nuevo grupo estaba surgiendo dentro de la iglesia católica.  Así como muchos méxico americanos se habían sentido rechazados por la sociedad y por la iglesia, así mismo estaban los del clero, de etnicidad similar, dandose cuenta de su falta de represetación entre los del clero.

En 1970, Fr. Peña, como miembro fundador de Padres Asociados para Derechos Religiosos Educativos y Sociales (PADRES) que fue fundado con el único propósito de promover la vocación al sacerdocio entre méxico americanos y de elevar  los puestos de los méxico americanos que ya estaban en el sacerdocio.

“No teníamos una voz en la iglesia católica de los Estados Unidos de América”, dice el Padre Peña.

Dr. Ralph Ruiz sirvió como el primer presidente y el actual Arzobispo Patricio Flores de la Diocesis de San Antonio, que era un sacerdote regular allá en aquel tiempo, cuando llegó a ser segundo presidente del grupo.

El Arzobispo Flores llegó a ser el primer sacerdote méxico americano en los Estados Unidos, de ser ordenado como Obispo Auxiliar el 5 de mayo de 1970, en San Antonio.

“Esto fue un resultado directo de PADRES” dice Fr. Peña.  La idea del Centro de Cultura México Americano en San Antonio, surgió directamente de los esfuerzos de PADRES para incrementar las vocaciones entre méxico americanos.  La gente que  desarrolló el Centro incluía al entonces Obispo Flores, la Conferencia de Obispos Católicos de Texas y el seminario en San Antonio.  Pero fue un reflejo directo de PADRES y HERMANAS.”

Poco tiempo después, Fr. Peña partió para la Ciudad de México para un periodo de  estudios de tres años.  A su regreso, tomó el timón como presidente de PADRES en 1974, en sucesión del Arzobispo Flores. 

Y el apoyo de los esfuerzos continuó,

Con PADRES ubicado en San Antonio, Fr. Peña se gano el respeto del columnista del periódico San Antonio Express, Roddy Stinson, quien en su artículo del 11 de agosto de 1975, describió a Fr. Peña como “un aguila... el símbolo enplumado del poder y el coraje Americano.” 

Hubo muchos más elógios, honores y nombramientos para Fr. Peña – demasiados para mencionarlos todos aquí.

En los años que siguieron a su presidencia de PADRES, sirvió brevemente en Eagle Pass y Del Río. Originalmente fue asignado a Eagle Pass pero no permaneció allí, porque el sacerdote al que iba a reemplazar, estaba a la mitad de la construcción de una nueva iglesia. 

“No era correcto que yo me quedara.” dice con humildad. “Ese sacerdote fue a construír la iglesia de Nuestra Señora del Refugio, en Eagle Pass.”

Después de seis meses en Del Río, Fr. Peña se mudó a Laredo, donde sirvió como Párroco de la Iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe por 17 meses.  Aunque este plazo fue corto, su impacto fue duradero.

El amor y el respeto con los que los parroquianos de la Iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe, habían aceptado al Rev. Fr. Roberto Peña, fue fuertemente manifestado un domingo cuando más de 1,200 personas abarrotaron la iglesia para escuchar al popular clérigo pronunciar su homilía final,” cuyo párrafo inicial se pudo leer en la edición del 12 de febrero de 1981 del Laredo Citizen.

Es un amor y respeto que sigue manifestandose hoy día por incontables católicos de todo los Estados Unidos y México.  Pero venía con el precio de la persecusión de las personas más cercanas a el.

A pesar del sacrificio y el dolor, el todavía continúa llamandose a sí mismo,  un sacerdote Chicano.
From the Bishop
 
From the Editor

I didn’t put two and two together until I saw his face. It all came back to me very quickly.

En Español

 

Cover Story

Finding Peace

You cannot be a peacemaker until you are at peace with yourself and with our Lord

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