Ultima Palabra

¿Como afectan los Dies Mandamientous tu vida diaria?

 

In English

Brother John Allen

Esta edición nos regresa a algunas de las primeras palabras dichas a nosotros por el Señor - a los primeros mandamientos entregados por Yahweh, a través de Moisés, al Pueblo Escogido, reunido al pie de Monte Sinaí. “Yo, el Señor, soy tu Dios, quien te sacó de la tierra de Egipto, lugar de esclavitud. No tendrás otro Dios además de mi...” (Exodo 20:2-3 y Deuteronomio 5:6-7). La verdad más grande que Dios dio a nuestros ancestros en la fe está expresado en el “Shema” (Deut. 6:4.5): “ !Escucha O Israel! ¡El Señor es nuestro Dios, el Dios único! Por tanto, amarás a tu Señor, tu Dios, con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas.” Esto fue un gran salto hacia delante en nuestro entendimiento del mundo y de sus misterios. En ese tiempo de la historia, todos los pueblos alrededor del Pueblo Escogido practicaban el politeísmo (la creencia en muchos dioses), Esto continuaría por muchos siglos. Aunque la mayoría de las grandes religiones practicadas hoy día son monoteístas (la creencia en un solo Dios), el politeísmo aún persiste en muchas partes del mundo. ¿Pues esto qué tiene que ver conmigo? Yo he llegado mucho más adelante de la práctica de mis ancestros de adorar otros dioses. ¡Yo confío en el Señor, el único Dios, y creo en y amo al único hijo de Dios, Jesucristo! ¡No soy idolatra! ¡No tengo otros dioses algunos en MI vida! Y recuerdo una homilía de hace algunos años de Msgr. Lucian R. Brasley cuando era párroco de la Iglesia del Santísimo Sacramento de Laredo. Sus palabras de apertura fueron “¡Nuestra Madre Bendita no es Dios!” ¡Eso ciertamente captó la atención de la congregación! Continuó para explicar como, de manera sutil, la idolatría se va metiendo en nuestra vida de fe, cuando fallamos en entender la verdad acerca de María y los demás santos - que ellos mismos son hijos de un solo Dios. María lo dijo de manera muy hermosa: “Mi alma proclama la grandeza del Señor” (Lucas 1:46). Más adelante les dice a los meseros en la boda de Cana, “Hagan lo que él (Jesús) les diga” (Juan 2:5). María sabía lo que decía. Ella es nuestra intercesora y nuestra Madre en la fe. Y ¿qué de otros “dioses” más siniestros que puedo adorar sin darme cuenta de lo que estoy haciendo? ¿Me convierto en ídolo yo mismo? Cuando rezo el Padre Nuestro, ¿me he dado cuenta de que quiero cambiar las palabras “...bendito sea tu nombre. Venga a nos tu Reino, hágase MI voluntad...”? En otras palabras no queriendo en realidad rendir mi voluntad a la del Señor, sino queriendo persuadir a Dios a que haga que las cosas salgan de acuerdo con lo que yo deseo. ¿Hago un ídolo de un asunto? Si yo estoy en pro de la vida (como todos los verdaderos seguidores de Jesús deben estar), incluyo en mis oraciones y acciones todos los asuntos de pro vida - como de terminar la violencia doméstica, la guerra y la pena de muerte... y no solamente terminar con los abortos? ¿Hago un ídolo del Poder? ¿Me convierto en endiosado ante mis hijos, mi esposa, mis empleados, mis estudiantes, mis constituyentes? ¿Hago ídolos de los placeres de este mundo? ¿Tengo lujuria por más y más dinero para comprar más y más bienes de mayor calidad?

¿Tengo lujuria para la comodidad, para lo mejor de alimentos y bebidas, para otros placeres de la carne? El Primer Mandamiento provee abundante material para la oración y para reflejar sobre mi vida y mis motivos. Yo rezo para que no tenga otros dioses, además del Dios de Abraham, Isaac, Jacob, María y de todos los santos, y que pueda yo vivir el “Shema” y las palabras de Jesús: “... amen a sus enemigos, y oren por aquellos que les persiguen para que ustedes puedan ser los hijos de su Padre Celestial...” Mateo 5:44-45

Brother John Allen, FMS is Chancellor of the Diocese of Laredo

From the Bishop
 
From the Editor

This issue marks our first year of existence and hopefully the first of many more.

En Español

 
Lamar Bruni Vergara Trust

Judge Casseb, who now administers the trust with JC Martin, III, reflected on the life of Lamar Bruni Vergara and the impact of benevolence.

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Diocese of Laredo
 
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