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FEATURE STORY |
| Sister sister. "Somos una familia, tengo todas mis hermanas conmigo." |
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Por Goyo M. López “We are family, I’ve got all my sisters with me.” --Lyric from “We Are Family” by Sister Sledge ¡Nada hay tan maravilloso como las viejas tradiciones de familia! Veamos. Primero hubo dos tías, Sor Edna y Sor Rómula, quienes profesaron como Hermanas de la Divina Providencia. Estas tías tenían una prima, Sor Fortunata, quien tenía nueve sobrinas, que eventualmente ingresaron al convento. Luego hay las dos primas carnales, las niñas Philip, quienes también se unieron a las Hermanas de la Divina Providencia. Ya llevamos 14 miembros de la familia que son monjas. Y luego está Sor Mary Benedict, de 77 años de edad, y Sor Mary Madeleine de 65, que son hermanas biológicas. Ya llevamos un total de 16. ¡La familia Zimmerer debe sentirse muy orgullosa! Y la Diócesis de Laredo, y específicamente las comunidades de Big Wells y Asherton, son muy afortunadas en tener a las Hermanas Benedict y Madeleine. Y de acuerdo esta el Padre Toribio “Toby” Guerrero, pastor de las iglesias Immaculate Conception en Asherton y St. Michael’s en Big Wells. |
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Así que, ¿Cómo le hicieron 16 damas jóvenes, del mismo parentesco de familia, para colocar a Dios ante todas las demás cosas en sus vidas? |
“Fue una vida hogareña de personas llenas de fe, de oración y que asistían a la Iglesia y estaban cerca de Dios, lo que nos encaminó a los miembros de la familia a llegar a ser hermanas religiosas.” Explicaba la más joven Sor Madeleine. “Nuestra madre nos había dicho que ella quería llegar a ser monja,” agregó la Hermana Benedict. “Pero nuestra abuelita no la escuchaba. Mamá era la mayor de las últimas tres hijas en su familia y Abuelita dependía mucho de ella.” “Abuelita era enfermiza y Mamá la tenía que cuidar, y de hecho, dejó de ir a la escuela cuando estaba en quinto año, para ayudar a cuidar a la abuelita,” Añadió Sor Madeleine, completando los pensamientos de su hermana. Según las hermanas Zimmerer, que son una segunda generación de Alemanes Americanos, en aquellos días a los primogénitos de una familia Católica, se esperaba que entraran a una vocación religiosa. Y aún cuando ella no era la primogénita, Sor Benedict, la tercera hija de la familia, les informó a su Mamá y Papá de su deseo de ser monja y ninguno mostró objeción. “Recuerdo que mi Mamá me decía: ‘Si eso es lo que quieres, te puedes ir. Yo no voy a detenerte.’ Mis dos tías, también, llegaron a ser mi inspiración,” explicó Sor Benedict. “Siempre había admirado sus vidas cuando venían a casa y me hablaban.” “Yo tenía tres años y medio cuando ella entró al convento,” continuó Sor Madeleine. “Ella entro al convento cuando tenía quince años. Afortunadamente, yo podía verla cuando nos visitaba. En aquellos días iban a casa las hermanas cada cinco años para una visita hogareña. La hermana mayor nació, y creció la mayor parte de su vida, en La Feria, Texas. “Nuestros padres, Katherine Sieger y Ludwig Zimmerer, se conocieron en la Iglesia del Inmaculado Corazón de María en Harlingen. No se conocieron en el norte de Texas (donde habían crecido), pero se conocieron en el sur de Texas. Había una comunidad alemana en La Feria,” explicó Sor Benedict. La oportunidad de ser tri-língue -inglés, aleman y español - existía pero no era muy viable. “Yo asistí a la escuela en Santa María durante de mi primaria y a los niños se les prohibía hablar en español en la escuela;” explicó la hermana mayor, Sor Benedict. “Nos castigaban si nos encontraban hablando cualquier cosa en español en los terrenos de la escuela. El poco español que yo aprendí fue en los plantíos de algodón con los trabajadores.” Poco tiempo después de que la Hermana Benedict entró al convento, Papá Zimmerer murio en diciembre de 1941, unos días antes del ataque a Pearl Harbor. “Papá siempre me dijo que el no vería la Segunda Guerra Mundial,” recordó Sor Madeleine. Hasta ese momento, los Zimmerer llevaron una vida de agricultores, ganándose el sustento viviendo y trabajando en una granja. Poco después de la muerte del padre, la menor Madeleine y su madre Katherine se mudaron a Brownsville y eventualmente a Houston. “Ella definitivamente es campesina y yo soy más citadina,” dijo la hermana Madeleine riéndose. “Aún cuando estuvimos separadas por muchos años, yo recuerdo sentirme muy orgullosa de mi hermana mayor, y le decía a la gente: ‘Yo tengo una hermana que es una Hermana.’ Fue hasta después de haber entrado al convento yo misma, que realmente la llegué a conocer.” Y allí creció y se cultivó una unión espiritual, como ninguna otra. |
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Como monjas profesadas, las dos trabajaron como educadoras durante muchos años. Al comienzo de su servicio a la comunidad regresaron al area de Texas donde sus padres crecieron. |
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“Existían algunas escuelas públicas en comunidades predominantemente Católicas de Lindsay a las afueras de Gainesville y Westphalia cerca de Temple. Ya que costaba mucho más operar una escuela Católica que administrar una escuela pública, el Consejo local decidió cerrar la escuela Católica y rentar el edificio al sistema de escuelas públicas y que las hermanas monjas sirvieran como profesoras en la escuela pública ganado el salario de las escuelas públicas,” explicó Sor Madeleine. “Lo malo es que no podíamos dar clases de religión en la escuela. Aún cuando las escuelas todavía existen hoy día, yo fui una de las últimas hermanas que dio clases allí.” “Yo fui maestra durante 38 años, de los cuales 15 años fueron en escuelas públicas,” agregó Sor Benedict. “Di clases durante nueve años en Lindsey.” Los años dedicados a moldear las vidas de la juventud están entre los momentos más preciosos para ambas hermanas. “Como profesora de primer año, la mayoría de los niños no tenían antecedentes de Jardín de Niños. Yo podía verlos aprendiendo a leer, y aprendiendo a sumar y restar,” comenzó a decir Sor Madeleine. “Yo diría que viendo a los niños aprendiendo tanto, preparándose para la confesión, para la Primera Comunión, aprendiendo a leer, las matemáticas, aprendiendo a escribir y toda esa clase de cosas, eran íntimamente satisfactorias para mi. Fuera del área académico, la mayor hermana, Sor Benedict, pasó muchos años como misionera trabajando en México por la frontera de Texas y California, donde encontró severa pobreza material, pero igualmente, una increíble y profunda fe en Nuestro Señor. “Yo recuerdo una de mis primeras misiones en una colonia afuera de Mexicali, que una de las mujeres allí en la pobre ladrillera, me preguntó: ‘Tu eres una hermana monja, ¿Le enseñaras a mi hija y a su amiga acerca de cómo se pueden preparar para la primera comunión? Ella tiene 10 años y no ha hecho su primera comunión.’ Yo sabía que no era parte de nuestro trabajo, pero estuve de acuerdo en hacerlo en mi día libre.” Explico Sor Benedict. “Bueno, tuve dos estudiantes en el primer día. Después de unas cuantas semanas, tuve cinco estudiantes. Les daba clases cada lunes en la tarde.” Eventualmente, Sor Benedict, buscó y le habló al párroco de la iglesia más cercana, a unas tres millas de distancia. “El Padre Donald era un Oblato americano, que estaba haciendo trabajo de misión en México. Era muy agradable y dispuesto a apoyar. El Padre Donald hasta dijo que celebraría la Misa en la colonia,” continuó diciendo Sor Benedict. “Hasta iba a oír las confesiones en la colonia que estaba a tres millas de la iglesia.” La semilla plantada por la mamá de una niña, con Sor Benedict, comenzó a echar raíces y a establecer una base sólida, y a convertirse en una piedra angular para la evangelización. El Padre Donald trajo a su coordinadora de CCD a la Misa que celebró en la colonia. La coordinadora les dijo a los residentes que ella daría instrucción para entrenar a los padres de como ser catequistas y entrenar a sus hijos en como prepararse para su primera comunión.” Manifestó Sor Benedict “Así que ese año tuve cinco niños que hicieron su primera comunión. Al año siguiente hubo más de 50 niños que hicieron su primera comunión.” Aún más buenas noticias surgieron de sus esfuerzos iniciales. “Hasta tienen una iglesia allí en la colonia ahora. Yo sientoque sí hice una diferencia,” concluyó Sor Benedict. Ella, junto con su hermana y 14 parientes, indudablemente, hicieron una diferencia en las vidas de tantas personas con las que tuvieron contacto. Ellas son ejemplos vivientes de: “...adorando al Señor tu Dios, y sólo a El servirás .” Lucas 4:8 La Hermana Madeleine sirve como Directora de Cuidado Pastoral, y la Hermana Benedict, semi-retirada, sirve como catequista para la Iglesia de San Miguel en Big Wells. |
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There’s nothing like good old family traditions. |
Guest Columnist |
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Brother John Allen |
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| From the Editor |
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This issue marks our first year of existence and hopefully the first of many more. |
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Judge Casseb, who now administers the trust with JC Martin, III, reflected on the life of Lamar Bruni Vergara and the impact of benevolence. |
Diocese of Laredo |
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