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100 years. Educacion y Formacion Catholica: La Escuela de Nuestra Señora de Guadalupe celebra su Centenario. |
Por Goyo López El 11 de abril de 2004 marcó un peldaño en la historia de Laredo al cumplirse el 100 Aniversario de la Escuela de Nuestra Señora de Guadalupe. Este Centenario celebra 100 años de excelencia académica, 100 años de galvanizar a la Comunidad y 100 años de proveer educación y formación Católica a mucha de la juventud de desventaja económica en Laredo. Nuestra Señora de Guadalupe sirve como la escuela más antigua de la Diócesis de Laredo. Desafortunadamente, este momento histórico llega en un tiempo cuando el futuro económico de esta atesorada institución es opaco y dudoso. Con una deuda de $52,000 Dólares, la Escuela de Nuestra Señora de Guadalupe está a punto de cerrar. ¡Y pensar que la construcción del edificio de la escuela original sólo costó $600 Dólares! Irónicamente, las Hermanas del Espíritu Santo fundaron la escuela durante el término del Obispo Pedro Verdaguer, para servir a aquellos de más bajo nivel económico de la sociedad. Ahora, como una medida de bajar los costos, la escuela cerró los programas de Quinto y Sexto grados, enviando a sus estudiantes a la Escuela Memorial de San Pedro, para terminar su año académico, Pero no siempre fue así, Las Hermanas del Espíritu Santo colocaron las bases iniciales durante un periodo de nueve años, animando a las familias de algunas de las vecindades más antiguas de Laredo para registrar a sus hijos en la Escuela de Guadalupe, En 1913, el Obispo Nussbaum solicitó que las Hermanas Ursulinas continuaran la labor iniciada por las Hermanas del Espíritu Santo. Eventualmente, y como resultado de un esfuerzo de colaboración entre las hermanas religiosas, el registro de alumnos aumentó a unos 300 estudiantes - dos veces más del registro actual. |
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| No obstante la inmensa pobreza en, y alrededor de, la vecindad de Guadalupe durante estos años formativos, las hermanas pudieron animar a las familias a buscar una fuente de educación Católica. | ![]() |
Aún cuando las familias pobres no tuvieran el dinero suficiente para pagar la colegiatura, recuerda la Hermana Mary Helen Archibald, OSU, si poseían dignidad y orgullo y frecuentemente encontraron la forma cumplir. “Antes existía un viejo libro, pero dicen que ya no está por allá, donde se apuntaba como pagaban la colegiatura - algunos entregaban un par de huevos de gallina, porque era todo lo que tenían.” Explica la Hermana Helen, quien empezó a dar clases en Guadalupe durante la Segunda Guerra Mundial. “Ellos querían dar lo que tenían y nosotros lo aceptábamos porque sabíamos que esto era un gran sacrificio para estas familias. |
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Los de vecinos de Laredo pagaban por los servicios escolares con gallinas, huevos, leche fresca, frutas y legumbres, producto de su duro y pesado trabajo. Mientras |
tanto, en aquellos primeros años, las religiosas no recibían salarios, y el intercambio llegó a ser esencial para su supervivencia. “Por muchos años las hermanas daban clases allí sin compensación alguna. Esa fue otra de las razones por las que las hermanas agradecíamos el gesto de los vecinos de compartir lo poco que tenían con nosotras.” continúa diciendo la Hermana Helen, quien eventualmente llegó a ser la Directora de la Escuela. Y otro fruto cosechado de los padres generosos fue el profundo agradecimiento por la Educación Católica. “Yo pienso que los niños avanzaban muy bien porque veían el sacrificio que hacían sus padres y también veían que iban logrando mucho de todo esto,” dice la Hermana Helen, quien dedicó 55 años como educadora en las Ursulinas y en Guadalupe. “Así es que yo pienso que por eso los niños se esforzaban por hacer todo lo que podían en la escuela y no teníamos muchos problemas de disciplina.” |
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Belia Enriquez Juárez, graduada de Octavo Año en 1946 de la Escuela de Guadalupe, personifica los sacrificios de sus padres. “Yo asistí a la escuela en el edificio viejo, que era muy diferente de la escuela de hoy,” |
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comenzó diciendo la Sra. Juárez, Recuerdo que uno de los salones tenía asientos como en el estilo de gradas, en lugar de pupitres individuales.” La Hermana Helen, haciendo eco a la Sra. Juárez, cuenta sobre su primer día de dar clase en la vieja escuela. “Recuerdo el primer día que fui a dar clase y era un salón enorme y lo contemple y dije “¡Válgame Dios! Porque ese año tenía una clase muy grande. Tenía como setenta y tantos u ochenta estudiantes en ese viejo edificio y no teníamos pupitres individuales como tienen los niños,” explica la Hermana Helen. “Era como en las gradas de un estadio, y recuerdo que me decía a mi misma, que iba a necesitar ayuda. Fue una experiencia especial, y yo no hablaba una sóla palabra de español, pero Dios se encargó de todo. ¡Tuve unos estudiantes maravillosos!” |
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Aunque la Hermanas del Espíritu Santo, las Hermanas Ursulinas y las Hermanas de La Merced todas tuvieron un papel importante en la formación de estudiantes, hubo un factor adicional que fue instrumental en la formación del individuo así como en la seguridad financiera. En 1921, los Superiores Oblatos comenzaron a encargarse de la Capilla de Guadalupe, ya que no había sido establecida como parroquia hasta 1929, y atendía a la |
escuela Roberto González y el Dr. Stan Green, en la Historia de la Escuela de Nuestra Señora de Guadalupe , describen a los Oblatos como hombres que respondían a la solicitud del Obispo Emmanuel Ledvina, y más importante mente, como hombres de visión que veían la fe y la educación como parte integral de la escuela parroquial, Los Oblatos reconocían la importancia de una educación basada en la fe. Inicialmente, Los Oblatos se fijaron como meta la modernización de la Capilla y de la Escuela. Casi ocho años después, en febrero de 1929, una nueva iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe fue develada y establecida oficialmente como Parroquia. Prácticamente, a 20 años a la fecha, el Obispo Mariano S, Garriga, bendijo la nueva estructura escolar que continúa hoy día. Al pasar de los años, los Oblatos trabajaron diligentemente con las Hermanas para asegurar que la escuela recibiera el financiamiento adecuado para mantener las puertas abiertas y continuar ofreciendo una educación sólida. Por toda su colorida historia, Nuestra Señora de Guadalupe se ha en-frentado con crisis económicas en diferentes ocasiones y en distintas eras. El mero inicio de la escuela entre la pobreza económica fue un gran reto. Y después, vino la Gran Depresión que afectó todos los aspectos de la sociedad, y reduciendo el registro de estudiantes a mas o menos 50. A mediados de los años sesenta se eliminaron los grados 7 y 8 como resultado de la reducción de la población escolar. En 1970, volvió a surgir la amenaza del cierre de la escuela. El Reverendo Henry G, Van De Cassele, quien era el nuevo Párroco en ese tiempo, galvanizó a la comunidad y se aseguró de que la escuela se mantuviera abierta. De alguna manera Nuestra Señora de Guadalupe ha aguantado cada reto, aparentemente insuperable. Durante toda su historia de 100 años, Guadalupe ha sido la piedra angular para el barrio del mismo nombre. La Escuela de Nuestra Señora de Guadalupe incorpora el matiz de culturas que componen a Laredo. La escuela y su gente han personificado su Espíritu. El crecimiento, los cambios, Las tradiciones, la fortaleza y el vigor de la Escuela de Nuestra Señora de Guadalupe han reflejado a su Pueblo y a su Espíritu durante más de un siglo. |
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