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FEATURE STORY |
Are our motives always just when seeking justice? |
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Por Goyo López “¿ Estás siendo verdadereamente justo y honrado, o vindicativo y vengativo?”, le pregunté a mi buen amigo recientemente. En su rutina normal matutina de llevar a sus hijos a la escuela, por casaulidad se encontró con un ex compañero de trabajo que hacía lo mismo. Sólo que existía una pequeña diferencia. Esta persona llevaba a sus hijos a la escuela utilizando un vehículo propiedad del municipio. A pleno luz del día, y en violación directa de las normas, este individuo utlizaba un vehículo de la Ciudad para su uso privado. Y mi amigo se dío cuenta que esto sucedía practicamente todos los días. “Voy a llamar a la División de Servicio a Clientes para reportar este descarado abuso de la propiedad de los contribuyentes,” me dijo. La sangre estaba hirviendo…y comenzó el raciocinio. ¿Estaba siendo lo “correcto” porque existía una violación obvia de las normas? El uso privado de un vehículo comprado con los impuestos de los contribuyentes y gasolina financiada por los contribuyentes. ¡Un caso sin discusión alguna! ¿Correcto? Así que le pedí a mi amigo, de manera menos elocuente de cómo estoy escribiendo en este momento, ¿qué si estaba realmente haciendo el reporte porque sentía la obligación moral de cumplir con esta acción de rectitud? ¿Deveras sentía hambre y sed de justicia? ¿O simplemente estaba expresando sus verdaderos sentimientos con esta noble beatitud? ¿Esa es la pregunta? Mientras más reflejabamos la situación, más claros resultaban los sentimientos verdaderos. Es que mi amigo aún guarda un fuerte desprecio a su ex colega. Cosa de perros y gatos, de agua y aceite, todos conocemos ese tipo de relaciones. En forma misteriosa, Jesús le habló a mi buen amigo. Al continuar la conversación, también existío progreso en la capacidad de mi amigo de ver las cosas introspectivamente y de darse cuenta de su falla como buen católico. Todos tenemos fallas hasta cierto grado, y en esta mañana en particular, el se sintió muy bién al reconocer estas dos fallas. El primer sentimiento no beatífico, fue aquel de continuada animosidad contra este individuo. El segundo, es que la queja no habría surgido por hambre y sed de justicia, sino por un impulso vindicativo o de venganza. Todos los días racionalizamos o justificamos nuestras acciones, o la falta de ellas, con excelentes excusas. Aunque hacemos esfuerzos, de manera cotidiana, para ser mejores seres humanos, sin vicios, no es una taréa fácil. Jamás se ha dicho que sería fácil caminar a la manera de Cristo. Pero aunque difícil, debemos esforzarnos para vivir la vida en el mundo con las beatitudes como medida de nuestras normas. Debemos mirar hacia adentro de nosotros mismos, con honestidad así como analíticamente y cuestionar nuestros deséos, motivaciones, acciones, pensamientos y faltas de acción, para verificar si concuerdan con el compendio de Cristo. Tal como mi amigo lo hizo en aquel día, y en cada día posterior, a pesar de ser testigo de una violación continua. Nunca presentó una queja, porque sabía, en el fondo de su corazón, que hubiera sido por una razón equivocada. El Catecismo de la Iglesia Católica nos enseña que las beatitudes “nos invitan a purificar nuestros corazones de los malos instintos y de buscar el amor de Dios sobre todas las cosas.” |
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